La vida de los muertos está en la memoria de los vivos (Cicerón)

El título de esta mi primera entrada está tomado de los discursos que Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) pronuncio contra Marco Antonio (83-30 a.C.), más conocidos bajo el nombre de Filípicas.

La frase define muy bien el objetivo de este blog y de buena parte de mi vida. Al buscar en el pasado, especialmente en la historia de mi familia, he llegado a rescatar del olvido a numerosas personas cuya memoria ya había desaparecido, o estaba a punto de hacerlo.

Por eso siempre he reflexionado sobre el valor de la memoria, y el poder que tiene en nuestras vidas.

Recuerdo una ocasión, hablando con mi abuela materna, casi nonagenaria, cuando le pregunté sobre sus propios abuelos, y de repente se estremeció, miró fijamente al horizonte, y exclamó: ¡Cuánto tiempo hacía que no me acordaba de mis abuelos! La conversación consiguiente nos ayudó a recuperarlos de esa oscuridad en que ya habían entrado.

Abuela Pepa

Fue una especie de revelación, pero en realidad sólo fue un ligero despertar de conciencia. En sus inicios de pérdidas de memoria mi abuela encontró de repente un refugio en mi tertulia.

Las conversaciones que siguieron, muchas de ellas para burlar su aburrimiento pero sobre todo sus terribles dolores, dieron paso a un estrecho conocimiento de muchas personas a los que nunca conocí, y que sin embargo hoy forman parte de mi memoria. Seguramente buena parte de ellas habrían desaparecido ya de nuestra familia, si no me hubiese empeñado en conocer mi propia historia familiar.

El conocimiento del pasado, lejos de servir -como afirma la mayoría- para no repetir los errores del pasado, en realidad invita a entender mucho mejor el presente y nuestras circunstancias. Por eso esta primera entrada quiere ser una declaración de intenciones sobre la Memoria, la Historia y la Genealogía.

Hoy que tanto se habla de memoria histórica, de no remover el pasado, de desenterrar a dictadores, y de las pasiones que levanta nuestra más reciente historia, quiero traer al recuerdo, y a la vida, a aquellos que nos precedieron.  Sus vidas, con sus alegrías y sus penas, con sus bondades y sus miserias, son hoy ya, parte de mi vida, y de la de mi familia.

Pero también es importante conocer sus circunstancias vitales que les obligaron a sufrir y a gozar, a conspirar y a defender sus ideas, a permanecer callados o a gritar hasta reventar, a tener hijos o a pelearse con ellos, a emigrar o a volver a casa, a rebelarse o a obedecer, a escribir o a ser analfabetos…

A través de la Genealogía, y de la Historia puedo volver a traerlos a nuestra (ahora también vuestra) Memoria.

Sit tibi terra levis.

S. T .T. L.

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